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12 de marzo de 2010

Primavera


Démosle de nuevo la bienvenida a nuestra hermosa musa la Primavera.







La obra más citada como posible fuente para esta escena son los Fastos de Ovidio, un calendario poético que describía las festividades romanas. La fiesta de Flora se llama Floralia. En el mes de mayo relata cómo Flora fue una vez la ninfa Cloris, que exhalaba flores al respirar. Suscitó una pasión ardiente en Céfiro, dios del viento, quien la siguió y la tomó como esposa por la fuerza. Arrepintiéndose de su violencia, el dios la transforma en Flora, y como regalo le da un hermoso jardín en el cual reine eternamente la Primavera.

Botticelli estaría así representado en el mismo cuadro dos momentos separados de la narrativa de Ovidio: la persecución erótica de Cloris por parte de Céfiro y su posterior transformación en Flora. Por esta razón las ropas de las dos mujeres, que además parecen ignorarse, soplan en direcciones diferentes. Flora está parada junto a Venus, derramando rosas, las flores de la diosa del amor.

Otra fuente ovidiana para la obra serían Las metamorfosis. En su poema didáctico-filosófico, De Rerum Natura el escritor clásico Lucrecio celebró a ambas diosas en una misma escena de primavera. Dado que el fragmento contiene referencia a otras figuras que aparecen en el grupo de Botticelli, es probablemente una de las fuentes principales para la pintura:

"Vienen la primavera y Venus,/ Y el chico de Venus, el heraldo alado, aparece primero,/ Y dura sobre las huellas de Céfiro la Madre Flora,/ Arpejando los caminos antes de ellos, llena todo/ De colores y olores excelentes."

Otras fuentes literarias señaladas por los autores para esta obra son: las Odas de Horacio que como el resto de la literatura clásica, llegaba a través de autores contemporáneos como Leon Battista Alberti y Poliziano. De hecho, no parece probable que Botticelli leyera directamente estas obras en latín, sino que conociera su contenido por las conferencias de Poliziano. Precisamente en el año 1481 Poliziano pronunció discursos en público sobre el calendario de Ovidio. . De gran importancia son las Stanze de Poliziano, en cuyos versos se hace referencia al amor entre Juliano de Médicis y Simonetta Cattaneo, esposa de Marco Vespucci, a los que algunos autores han identificado como Mercurio y la Gracia de la izquierda, respectivamente.

10 de marzo de 2010

Tacones



Tacones

Siempre habrá un altar
en mi memoria
para aquellos zapatos
azules de mi madre.
Sus alados tacones
repiquetean alegres
los recuerdos
felices de mi infancia.
Yo, jugando a ser mujer.

M C D F. Carmendy

Nocturno



Nocturno


Andar descalza
Alzarme de puntillas

Tocar el cielo
Acariciar la luna

Cerrar los ojos
Volar a mis raíces

Desandar los pasos
Y… volver a ser niña.

M C D F. Carmendy

8 de marzo de 2010

MUJERES SIN SOMBRERO




Hoy 8 de Marzo, Día de la Mujer, sirva este interesante relato como homenaje de admiración y recuerdo para aquellas grandes transgresoras que nos precedieron en la lucha por la dignidad y la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
Mi agradecimiento al autor. Carmendy

MUJERES SIN SOMBRERO

JUAN BONILLA/

LOS testimonios que nos han llegado no dejan resquicio a la duda: quitaba el hipo. Se llamaba Margarita Manso, a finales de los años veinte se casó con el pintor Ponce de León, que dejó un espléndido retrato de ella, pero antes de eso, protagonizó uno de los más célebres episodios eróticos de la generación del 27 -con Dalí y Lorca de partenaires- y fue, junto con Maruja Mallo y con Concha Méndez, una de las mujeres principales de esa generación, si bien no necesitó ni de la poesía ni del arte para ser alguien. Le bastó con ser modelo y musa.

A mediados de los años veinte coincidió con la pintora Maruja Mallo en la Escuela de Bellas Artes, donde se aburrían lo suficiente como para tramar una tras otra todo tipo de performances para atraer la atención. Su atrevimiento era tal que cierto día del año 27, yendo con Mallo, con Dalí y con Lorca, se le ocurrió preguntarse qué pasaría si decidiera quitarse el sombrero como señal de emancipación, con ganas de violentar a los transeúntes. Estaban en la Puerta del Sol y los transeúntes no se lo perdonaron: empezaron a apedrearles, y ahí tenemos a los dos pintores, al poeta y a la musa corriendo hasta que consiguen meterse en el metro para ponerse a salvo. Que una muchacha fuera sin sombrero por la capital era entonces una provocación inadmisible, y era eso lo que gustaba a Margarita Manso.

Las huellas de la liberación de algunas mujeres jóvenes quedan en algunas obras importantes de la época. Por ejemplo en la novela de José Díaz Fernández, la 'Venus mecánica', donde aparecen Maruja Mallo y Concha Méndez, con los nombres disfrazados, formando parte del Lyceum, una organización de la que formaban parte Victoria Kent y Zenobia Campubrí, que invitaba a artistas y poetas a conferenciar ante sus socias. Concha Méndez aparece ahí como la mujer atlética, que se define como poeta y nadadora. En una novela de Antonio de Obregón, una preciosa muchacha vestida de marinero le dice a los tipos que tratan de atraer su atención y adularla: «Sólo me enamoran los golpes de estado».

Margarita Manso interesaba especialmente a Lorca. De hecho le dedicó su poema 'Muerto de amor'. Al parecer, Lorca, enamorado de Dalí, quiso acostarse con éste sin que el catalán terminara de estar convencido. Es famoso que Dalí confesó que Lorca había tratado de sodomizarle en dos ocasiones, pero él se negó porque no era pederasta y además aquello le dolía. Lorca escribió en el año 26 su oda a Salvador Dalí, que terminó por quebrar las defensas del por entonces efébico pintor, así que se decidió a tener un encuentro erótico con Lorca en agradecimiento a sus versos, siempre y cuando estuviera también presente una intermediaria, una mujer que reemplazara en el sacrificio a Dalí a la vez que obligara a sacrificarse al propio Lorca, que nunca había estado con una mujer. La elegida para el experimento fue Margarita Manso, que aceptó encantada y dejó auténticamente tocados a los dos hombres. Si en el trío hubo alguien que no le dio mayor importancia a lo ocurrido, fue la propia Margarita Manso, que lo tomó como una mera anécdota. A ese caudal de anécdotas se agrega la heroicidad de haber sido una de las pocas mujeres que pudo burlar la vigilancia de los monjes del monasterio de Silos: le bastó ponerse una gorra para acortar su pelo, e improvisar unos pantalones con las chaquetas de Dalí y Lorca para entrar. Maruja Mallo dijo acerca de aquella expedición: «Fuimos las primeras en impulsar el travestismo a la inversa».

Maruja Mallo tuvo una historia de amor incendiario con Rafael Alberti. De esas historias guadianas. Alberti no llevó bien que poco a poco la pintora fuera ganando el interés de los intelectuales de la época y empezara a hacerse un nombre . Y por otra parte había perdido su fe religiosa y tampoco estaba satisfecho con su propia obra creativa. Conoció a otra mujer, Victoria Amado, que lo depositó en los mismos infiernos, y sólo supo recuperarse gracias a que Cossio le prestó su casa de Tudanca para que reflexionara acerca de lo que quería que fuera su vida, y para dar unos pasos adelante en su obra. De aquella época de crisis y de aquel desamor destructivo brotó el que considero que es su más importante libro: 'Sobre los Ángeles', un libro rotundo, encrespado, decisivo, hondo y arriesgado, en el que suena una voz pura que hasta entonces había sido amordazada por esa capacidad increíble que tenía Alberti para ejercer la ventriloquia poética y hacer lo mismo una perfecta soledad gongorina que una ristra de coplillas populares.

En su biografía de Maruja Mallo, J.V. Ferris escribe: «No cabe duda de que en los detalles transgresores de mujeres como Margarita Manso, Mallo y Méndez había, al menos, un doble juego: el primero era, sin duda, la destrucción de los límites entre los géneros, pero, más allá, se puede advertir una voluntad de romper con las distinciones entre mujeres de diferentes clases sociales. No se trataba sólo de invadir el espacio tradicionalmente adjudicado a los hombres, sino de aparecer en él con los signos externos tan contradictorios en la cuadrícula social como no llevar sombrero, lucir un pelo muy corto o vestir con prendas que se prestaran a cierta ambigüedad sexual». Y Susan Kirkpatrick anota: «Las amigas dieron juntas un paso fundamental para la construcción de su identidad como artistas de vanguardia: la conquista del espacio público urbano como ámbito de exploración y experiencia».

En aquel Madrid sacudido por las imágenes del cine nuevo, por el jazz, por la inmersión de los jóvenes intelectuales en las ideas más radicales y vanguardistas, Maruja Mallo fue una esponja que produjo algunos de los grandes cuadros de nuestra vanguardia, el más famoso de los cuales es sin duda 'La Verbena'.

Cuando Alberti escribió sus memorias supo no acordarse de Maruja Mallo, sobre la que había escrito un poema encendido titulado 'La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo'. Al parecer pensó que sería bueno no explicitar de dónde procedían muchos de sus motivos y muchas de sus imágenes, si bien en el caso de las parejas de artistas nunca se sabe quién influye en quién y de dónde toma cada quién lo que ofrece. Pero alguien tan avispado como Juan Ramón Jiménez fue de los primeros en indicar que los cambios que se habían operado en Alberti se debían a la frecuentación de Maruja Mallo, de ahí que se lo figurara como un escritor descarriado influido por «María Mallo, acopladora habilísima de estamperías de basura; Rafael Alberti, lamentablemente separado de su propio y bello ser natural por la calcomanía verdiblanca de María Mallo y la pluma y el cincel de Salvador Dalí». Juan Ramón pensaba que le robaban a su mejor discípulo, y perdonaba mal esos hurtos. El tiempo pone a cada quien en su sitio, y hasta el propio Alberti admite su deuda con Maruja Mallo cuando vuelve a España a finales de los 70. Para entonces, en el Madrid de la movida, aquella mujer sin sombrero que fue Mallo era una de las grandes reinas de la actualidad.

CHOPIN


CHOPIN me ama
yo, muero por él…

Y danzo mariposa
entre sus dedos
nocturnos de caricias.

La blanca caracola
del piano
preludio en lírico jazmín.


Pleamar, tu noche sin allegro
herida en el azul
de un pentagrama.

¡Oh, amor¡
tu música mi alma.



M C D F.Carmendy

7 de marzo de 2010

En clave de amor



Oh, la Música...mi gran pasión.


En clave de amor

¡ Oh música ¡
Que me acercas a él
para salvarme .

¡ Música mía ¡

Que despliegas tus alas
para alzarme
hacia el dulce camino
de la entrega .

Tú , cómplice perfecto
me llevas al encuentro
de su risa .


M C D F.Carmendy

Saudade


Mi pequeño homenaje a la bella ciudad de Lisboa.
Y a su cantora Teresa Salgueiro. Alma mater del Fado.

SAUDADE

Atardecer de Alfama.
Viajera en tu saudade
sueño las marquesinas
respiro en los colores
que visten tus mañanas.

Un fado puso firma
y fecha a mi equipaje.
Lisboa con su son
escapa en el tranvía
urbano de las diez.

Alfama, como un vino
es flor entre los labios;
arabesco y sensual
en su melancolía
me seduce y le amo.

La noche del poeta
luna de marineros
por la tabaquería
duerme sobre el piano
azul de la memoria.


M C D F. Carmendy

4 de marzo de 2010

A JARA




A jara

Violines en el pelo.
Las notas ondeando en el atril.
El aire de su vuelo
desnudo por tu abril,
ritmo alegre será, niña gentil.

La música y su luz
danzando por tus dedos de manzana.
Prendida en su trasluz
anuncias la mañana,
cual bella mariposa en la ventana.

Orfeo te ilumina.
El arte se estremece con tu son.
La diosa concertina
en pos de la ilusión,
brillando en un nocturno de neón.

A tu musa sonríes.
Selene al pentagrama le solfea.
Un ángel de alelíes
afina y ya menea
la vara que en tu mano se recrea.


M C D F. Carmendy

A María Bote




Amiga, estas quintillas
por nuestra amistad.Carmendy


AMIGAS
A María Bote


Amigas, son como rosas
anunciando en la mañana
preludios de porcelana
y vuelos de mariposas.
Dulces, nobles, generosas.

Es tu blusa azul de mar
playa, sol y caracolas.
En horizontes de olas
me invitas a navegar.
El aire, por tu collar.

La pluma en su celosía
borda versos de jazmín.
El papel, cual querubín
desnuda tu fantasía.
Amigas siempre, María.


M C D F. Carmendy

2 de marzo de 2010

Las musas de la música


La palabra,como guía espiritual,hoy nos eleva hacia los dioses de la música y el canto.Disfrutemos de este maravilloso regalo del Parnaso. Mi agradecimiento al autor.carmendy



Las Musas son hijas de Mnemosine y de Zeus. Son nueve hermanas, efectos de nueve noches de amor. Las musas expresan la creencia filosófica en la primacía de la música en el Universo. Son cantoras divinas, cuyos coros e himnos subyugan y deleitan a los dioses. Ellas son Calíope, la máxima musa en dignidad y patrona de la poesía épica; y Clío, a quien le corresponde la Historia; a Polimnia, la pantomima; a Euterpe, la flauta; a Terpsícore, la poesía ligera y la danza; a Erato, la lírica coral; a Melpómene, la tragedia, a Talía, la comedia; y a Urania, la astronomía. La música de las Musas inspira a sus elegidos: músicos y poetas. La musicalidad de aquellas mujeres divinas es expresión del ser, manifestación superior del secreto ritmo de las cosas. Este poder de la música de las musas es enfatizado por Walter Otto, el gran estudioso de los mitos griegos. En este momento de la sección Música de Temakel, le presentamos algunos momentos de su clásica obra Las musas. El origen divino del canto y del mito, donde las sagradas mujeres otorgan el "don que eleva a los hombres por sobre todos los otros seres vivientes y lo acercan a lo divino".

E.I

LA MUSICA DE LAS MUSAS

Por Walter Otto

El mito de la Musa ha pasado "de moda" entre nosotros; no obstante recuperamos su imagen y volvernos a tratarlo.

Ella no tiene su igual en ninguna parte del mundo. Entones cuando en cualquier otra parte hay espíritus femeninos que cantan y la creencia de que los dioses cantan y de que el canto de los seres humanos es regalo del cielo, tal como puede remontarse hasta los viejos tiempos indogermánicos, vemos que la Musa significa infinitamente mucho más. Ella es el canto mismo. En todo lugar donde se canta, el cantor humano, antes de elevar su voz, es un oyente; inclusive, es la diosa misma la que canta en su voz. Y por ese motivo el canto y la palabra tienen un significado como solo la verdadera divinidad puede tenerlo: es la manifestación del ser de las cosas; esta manifestación es de naturaleza tal que sin el canto no se plenifica la obra de creación y el mundo no estaría completo.

El mito de la Musa posee también un maravilloso conocimiento de la esencia del mundo y al mismo tiempo del significado del canto y del mito; pues posee la lengua, ese don que eleva a los hombres por sobre todos los otros seres vivientes y lo acerca a lo divino. Se sabe que incluso algo precede a la palabra del hombre: esto tiene que ser escuchado y vivenciado antes que la boca pueda ser perceptible para el oído, y se sabe también que esta voz inspirada, llena de secretos, que precede al habla armoniosa de los hombres, pertenece a la misma naturaleza de la cosa como una manifestación divina que se deja revelar en su esencia y con su excelsitud.

¿Es éste un conocimiento en sentido estricto o sólo una hermosa fantasía?

A esto que aún hoy llamamos "musical", que ha llegado a ser un modelo insuperable, ¿acaso a través de él no llegó el helenismo a poder aprender algo acerca del espíritu que gobierna en el reino del sonido y de la armonía y ha creado nuestro ser alumbrado de forma, de música y de lengua?



ll. ¿Qué podemos nosotros mismos responder a la pregunta acerca de dónde proceden la música y la lengua y qué significan? Por medio del habla uno se cree capaz de llegar a ser proporcionalmente armonioso, pues ella vibra para satisfacer una comprensible necesidad de la comunicación humana. Y sin embargo, ¡qué poco inspirada nos parece la lengua, comparándola sobre todo con la de los tiempos antiguos, en que lo que hablaba musicalmente era también canto hablado! Y cualquier ostentación acerca de palabras o formas de palabras, acerca de reglas artísticas sobre construcción de oraciones para expresar o comunicar algo, esto era tan simple que, inclusive a menudo, eran meros gestos para hacer algo comprensible. En cambio, el carácter original de la lengua como canto hablado nos lleva necesariamente hacia la música, por lo que no debe sostenerse tan confiadamente que la variedad de sus tonos alcance fines prácticos. Sólo cuando hayamos comprendido la lengua como música podremos aproximarnos a la pregunta acerca de qué ha significado esta clase especial de música.

La música, como se sabe, ya existió en el mundo de los animales, y no por los así llamados animales superiores, los que sólo emiten sonidos ruidosos, sino por ciertos insectos que suavemente se mueven y ante todo por pájaros movedizos de los cuales muchas especies nos han hechizado con su canto. Esta música sin palabras era también específica del hombre de tiempos antiguos. Esto recuerda muy remotas clases de cantos tiroleses y arrebatos emparentados con otras variedades de cantos, los que a pesar de certeras acusaciones respecto de un arte musical esencial, han expirado por aquéllos. Nada sería más equivocado que el intento de explicarlo con un involuntario sonido afectuoso; como el dolor o como el deleite, ¡ellos arrancan lo viviente! Entonces esos gritos, si ellos fueran proferidos por los animales o por los hombres, no serían precisamente de naturaleza musical. También donde siempre brillan sólo las más sencillas series de tonos musicales, está el espíritu de la vida en un estado completamente diferente como si fuera un grito directo. Y llega desde ese estado cuando preguntamos acerca del significado de la antigua música.

También en el canto de los animales, en muchos casos se conoce que él se basta a sí mismo, que no desea servir a ninguna finalidad ni producir ningún efecto. Tales cantos se han señalado acertadamente como "auto-expresiones". Ellos brotan de la inherente necesidad del ser de dar expresión a su esencia. Pero la auto-presentación exige una presencia, para la cual ella se manifiesta. Esta presencia es el ambiente. Ningún ser existe para sí solo; todos están en el mundo y a esto lo llamamos: cada uno en su mundo. La criatura que canta se presenta por lo tanto en su mundo y para él mismo. Al preguntarse se da cuenta del mundo y se alegra, lo llama y alegremente hace uso del mismo. Así se eleva la alondra en la columna de aire que es su mundo hasta una altura vertiginosa y canta sin otra finalidad que su canto y su mundo. El lenguaje de su propio ser es al mismo tiempo el lenguaje de la realidad cósmica. En una canción resuena un conocimiento viviente.

El hombre que practica música tiene sin duda un ámbito mucho más amplio y mucho más rico. Sin embargo, el fenómeno es, en esencia, el mismo fenómeno. También él debe expresarse tonalmente, sin finalidad, ya sea o no escuchado por otros. Empero, su auto-presentación y manifestación del mundo son también aquí una y la misma.

lll. Las musas no sólo cantan y hablan, sino que con ello también danzan. Cantando, ellas caminan tal como narra Hesíodo, después de haber danzado en rueda en la cima del Helicón, desde la cumbre hasta el valle y de ahí a la montaña del Olimpo. También en el mundo de los hombres el movimiento rítmico del cuerpo pertenece desde el comienzo al canto hablado. Sin embargo, la lengua sólo humana o divina, la danza tiene, al igual que la música, sus precursores conocidos ya en el mundo de los animales.

El comportamiento bailarín de ciertas especies de animales está vinculado en parte con notorias intenciones para provocar atención o cariño. Lo mismo vale también para ciertas danzas primitivas de los hombres, que en parte hoy se practican. Pero con eso no se explican las variadas formas artísticas de tales danzas, y con referencia a efectos mágicos, sólo se enmascara el problema de su esencia. Con asombro vemos que existen danzas ya en el reino animal, las que no tienen nada que ver con fines de tal naturaleza, sino que manifiestamente llevan su sentido en sí mismas.

En la danza el cuerpo es completamente él mismo, dirigido con postura y movimiento a ningún efecto hacia el exterior, sino sólo a sí mismo. El ritmo que lo ha poseído lo desenlaza de las ataduras con las cuales las cosas lo enredan y cargan, lo libera y lo devuelve completamente a sí mismo. El ha sido elevado en un encuentro más alto con el ser de las cosas, el cual ahora eleva su voz encantadora. La tierra que toca su pie ya no es un mero suelo; a través de ella su antiquísima eterna divinidad se filtra y se santifica sus pasos. La cabeza está suspendida, embriagada en la luz, hacia la cual remolinean los brazos. O bien las manos toman las de los co-bailarines para conducir el corro alegre hacia el milagro del mundo.

Eso es la danza en su impulso elevado hasta lo estático, donde se apaga la palabra y con ella el pensamiento objetivo. Aquí, como en la música pura, se abre el ser mundo, pero nada objetivo. Sin embargo, cuando la danza más tranquila acompaña al canto hablado originario, entonces salen a la luz seres y cosas existentes, se iluminan las formas divinas y todo lo real figura en el esplendor del mito. Ese es el fenómeno originario del pensamiento y del conocimiento humanos. Dioses y esencias míticas de todo rango no pueden ser imaginadas, ellas sólo pueden aparecer y mostrarse. Y ellas surgen con el canto hablado, el cual ha nacido no de una voluntad arbitraria, sino del milagro de la percepción y de la recepción. Danza y música, pertenecientes desde el comienzo a la lengua permiten conocer claramente el carácter fundamental de todo hablar originario. Es la automanifestación del hombre en medio de su mundo y el llegar a manifestarse de ese mundo en Uno.

lV. "Ciegos son los pensamientos del hombre", dice Píndaro, "cuando busca el camino con ingenios del intelecto sin las Musas". Pero si uno, continuando el sentido del poeta griego, se deja conducir por las Musas, es decir, por la voz que sale sonando de la esencia misma de las cosas, entonces las palabras son inspiradas no solamente por lo vívido y por lo experimentado, sino lo mismo como lo cantado por la Musa: la manifestación del mundo y de lo divino. El, como dice Píndaro, ha mostrado al carro de la Musa y puede llamar a ella su madre y a sí mismo, su compañero, acólito o profeta. Porque lo que él habla no es una mera tentativa de expresar en palabras algo que lo ha conmovido. Es el llamado espectral desde lo más profundo del mismo ser: El fenómeno originario de la estructura tonal de la verdad, que en su lengua ha llegado a ser habla perceptible.

Lo que en todos los tiempos vale del gran poeta, en quien la lengua nace siempre de nuevo, tiene que valer también respecto del primitivo canto-hablado. Su significado y ambición no era servir a los requerimientos cotidianos por medio de comunicaciones útiles. A ese usufructo, por cierto, él ha pasado paulatinamente como tantas cosas sublimes, y en eso ha pedido más y más lo del canto. Pero ha ingresado en el mundo con la vocación de narrar y alabar el milagro del Ser. Y si él solo pudo lograr eso, es porque la melodía primitiva de tal narrar y alabar -la voz de la Musa- lo despertó y llamó; ahí tenemos nosotros el testimonio de verdad del mito griego. (*)

(*) Fuente: Walter F.Otto, Las Musas. El origen divino del canto y del mito, Buenos Aires, Editorial Eudeba, 1981.